viernes, 8 de agosto de 2014

Después vemos; ahora no es importante

Yo no sé si lo voy a lograr, pero por esta vez lo voy a intentar, hacer las cosas de otra forma, diferente. Callarme antes de hablar. No volver a llenar el vaso, no volverlo a vaciar.

Por lo pronto dejame anotar todas estas cosas de la realidad, así luego las puedo charlar con la persona que ve más allá.

Si fueras un poco más rock star, tus pantalones podrían estallar; pero estás muy de entre casa, flaca, estás medio mal. Me gusta tu look de entre casa, me hace flashear.

En otro orden de cosas, ya que nos ponemos al día: yo no creo que vuelva a pasar; pero hay veces, como todavía no te decía, que me abrazás y nada más. Aún a kilómetros o a dos pasos, cuando no estamos más volvemos a estar. Y yo me abrazo, ese es mi lugar, aunque no vuelva nunca más

A mi no me agarra más nadie nunca más para esa. Si tiro palabras en na-na-na, apuntando al más allá. Ya sé que me vas a decir que bla-bla-bla; pero bueno, tus ojos me agarraron mal parado y caí, qué bien; que bien que me sienta caer.

Hay algunos conceptos o ideas que creo que merecen el esfuerzo ser profundizados y, así, enaltecidos. Ajusticiados, sin que tenga que correr sangre. Yo no sé cómo hacer una declaración de amor como el anillo que llevo en el dedo.

Pero prefiero ser evidente o hasta aburrido, a ser solitario de tu compañía; a estar solo. Así que acá va: te quiero, mi amor. Hasta lo peor es mejor desde que nos orbitamos.

Hoy miro fotos de aquellas mañanas.

La cara del perro gritaba un destino que el ojo del hombre prefirió ignorar. La nobleza canina nos resulta absoluta y, claro, no podemos. No somos así de puros.

Adiós perro. Los días fueron pocos y, de verdad, no sé quien sos. Pero también sé que siempre serás elevado de una forma que jamás lograremos por bípedos y no-caninos, y que quedaste ladrando en mi corazón. Eso también lo sé.

Nosotros nos vamos a ir, y no vamos a poder avisar.

En nuestros bolsillos van a quedar cosas que pusimos sin planificar. Monedas, papeles, cuentas sin pagar. Ninguna evidencia de lo gigante, de lo absoluto. Y no va a ser una pena, va a ser, sencillamente, lo que es, lo que pasa siempre. 

Entiendo que hay alguna clase de don en organizar virtudes. Lo puedo entender. Pero nada más. Nada. Más. 

martes, 25 de junio de 2013

Así


La incertidumbre vuelve a arrojarme a tus orillas y, así, avergonzado de no haberte rendido el honor, el respeto que te mereces, intento volver a acomodar las letras y las palabras con el objetivo de sentirme un poquitito mejor.

Yo y nadie más que yo.

Algunas cosas no cambian más; definitivamente, y si es que algo cambio en este cuerpo que irradia cada vez menos calor, seguro no es para mejor.

Y entonces:

Cómo volverse fundamental, importante (¿importante?); cómo lograr ser, haber sido algo.

Cómo intentar darle un sentido a la cantidad de vueltas de la tierra que sea que nos toquen en gracia.

Cómo cambiar alguna vida, si es que al menos la propia. Cómo no cambiar ninguna, pero que alguien pueda llegar a extrañarme algún día. Cómo haber podido cambiar la historia, alguna historia.

Cómo si ni encontrarme los pies puedo, cómo si el ancla de mi punto muerto está aferrada a los centímetros que hubieren separado a tu boca de la mía, en los instantes en que se volvieran kilómetros, en que sintiera tu deseo, tu respiración, tu exhalación erótica fundamental, en que viera abrir tus ojos y me dispararas a la galaxia, sin más. Sin absolutamente nada más.

Cómo, si el tedio me viniera a buscar todos los días, a la misma hora, a la misma cama, al mismo lugar, para la misma rutina. A faltarle el respeto a la oportunidad, a la una; única. A reírsele en la cara. A evidenciarme en la responsabilidad. A señalarme en silencio, juez y parte.

Cómo lograrlo, cómo, a ser la espada que te ponga contra la pared. Que no me ames, que no me odies; que seamos novedad perenne, que flotemos en el instante para siempre, como un explosión del cosmos, una que haga algo, una re definición del norte, del sentido, que cambie un ápice el rumbo del veneno bajando hacia mi estómago, mezclándose con mi sangre, convirtiéndome en otra cosa algo más oscura.

¿Cómo?

Quisiera que comprendas que no juego cuando hablo de lo que te hablo. Que me muero de tristeza cuando sale tu tren, cuando quedo solo en la estación, cuando barren el andén.

Que existiera en mi boca un elixir inagotable que entretuviera a tu sed; que te mudes allí. Que fuera lo que quisieras. Que encuentres en la letra de un tango una pista del ayer; que no he sido el más bueno pero que nunca quise serte descortés; que solamente fui un tonto, un niño asustado del amor, de la belleza, de la frescura. Un irresponsable. Otro hombre irrelevante, un alma del montón.

Quisiera que, si encuentras la manera, te la quedes tú, mujer; que seas poco amable con mis celos y mis aires de poeta. Que me pongas en mi lugar, si me permites el atrevimiento, si soportas la insolencia.

Si tan solo pudiera quererlo, lo querría, que de la forma que sea, el universo se equilibre y caiga con justicia sobre mis hombros enterrando en el lodo más visceral a estos hábiles pies de escurridizo bribón.

¿Cómo tener mi merecido?

Hoy no estuviste. Y ahora entiendo que así se siente lo imposible.

Ahora lo tengo.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Paciencia

Como cuando uno está esperando una noticia, que sabe cuándo va a llegar, incluso, o al menos aproximadamente. El viernes que viene o el lunes, a más tardar.

Es eso, uno sabe que va a llegar, pero no sabe qué va a llegar. Si o no será, básicamente, pero en este momento tampoco es esto, la naturaleza del resultado, lo crucial o medular o fundamental o central del asunto, este asunto.

El tiempo que pasa hasta ese momento, hasta esa noticia, hasta esa salida, hasta esa encrucijada, lo es.

Las horas, los momentos, las tardes, los lapsos superados, la cuenta regresiva larguísima. Y la impotencia, ¿verdad?

Porque contra eso… paciencia, macho, qué va cer…

Aunque uno lo intente y se lo imponga es imposible no suponer la naturaleza de la respuesta, la que uno espera. La que espero.

Y uno se proyecta en ambas, la de que si si y la de que si no. Las reacciones posibles, en uno u otro caso; la sensación inmediata, el instante en el que ocurren los movimientos, las reacciones químicas adentro del cuerpo, en el cerebro, en las tripas, en la espina, los primeros milímetros de desplazamiento terrestre con la nueva Información tras la certeza de la decisión: si, o no.

Absoluta. La decisión será absoluta y será determinante.

Y todo lo demás, también: todo lo que ella dispondrá en cuanto a acciones a tomar, consecuencias, fichas que caerán, dominó; discusiones, “cerrá la puerta”, reserva, tensión, decepción, traición, disciplina, amor, la vida misma cada día.

Las conversaciones y pasos a seguir, los nuevos aires; o los de siempre.

Yo que sé… hay de todo en esta sala de espera. Acá nos encontramos todos y medio que nos organizamos porque no es como que nos quede otra, tampoco.

Acá vienen las uñas, la panza con sus danzas, las conversaciones imaginarias, la distracción, la incertidumbre, la primera fila en el tiempo real, los límites difusos e inconexos entre el sueño y la realidad; la desazón.

El pasado también está acá.

Acá estamos todos, medio apretados por donde se nos mire, pero tolerantes, nos contenemos, porque nos pasa a todos eso mismo de reconocernos de veces anteriores y de saber, saber de verdad, que pase lo que pase va a estar todo bien, que es cuestión de obrar desde y hacia el convencimiento. De seguir haciéndolo.

Hacia la alegría.

Pero lo jodido, mismo, realmente es lo que dura el tiempo que viene desfilando en la inevitablemente lenta procesión hasta ese momento, y el que queda por pasarnos por delante, aún.

Paciencia, macho; qué va cer…

miércoles, 11 de mayo de 2011

Vamos a lo de mamá

Los días de semana, sino todos, casi, cuando arañan las 13 horas y los jugos gástricos están en pleno piquete y quema de neumáticos, empiezan a escucharse algunas preguntas en la mesa de los pibes que, más allá de su formulación, versan acerca de lo más importante que puede pasar a esa hora del día: “¿A dónde vamos a comer?”

Las respuestas, que las más de las veces suelen volver con forma de pregunta, varían; pero también, no menos de una vez de cinco alguno de los pibes tira: “¿Vamos a lo de mamá?”

La primera vez fue hace, hoy, un año aproximadamente. Algún mediodía de abril o mayo, alguno tiró que alguien le había comentado que “por ahí, pasando el Club que hay en la rambla de Punta Gorda” había un grupo de pescadores que, además de vender el pescado fresco al público, ofrecían almuerzos.

“¿Un restaurante?”, respondió, con otra pregunta, otro.

Vamos y vemos.

Los pibes fueron, encontraron el lugar y, si, resultó tratarse de un grupo de pescadores: una familia. Entonces entraron.

Bajaron, en realidad, y desfilaron por el pasillo que lleva hasta el cuarto donde están las mesas, entre decenas de gatos que esperan que algo se caiga del mármol de la pescadería, más relajados de lo que uno se imaginaría y echados a ronronear en el concreto que el sol entibia.

Y comieron.

Cuando llegaron el lugar se llamaba “Don Ceriani”, nombre que sigue manteniendo para el público en general. Pero para ellos ya no era “Don Ceriani”, era “Lo de mamá”.

Porque es así, uno ahí come comida como la que cocina mamá. En “Lo de mamá” hay un menú o carta, que convida una oferta bastante clásica de platos completamente standard para un lugar que se encuentra en la rambla, yendo al este, a mano derecha (o sea, en el agua, casi): miniaturas, rabas, lomos de pescado, cazuela de mariscos, etc; pero también alguno más novedoso como el increíble gramajo de mariscos.

Estoy seguro que es lo que pide, cuando pasa por Montevideo, Neptuno todo poderoso Dios de todos los mares.

Pero, ¿qué pasa? Paola (de acá en más: “mamá”, hija del mismísimo Don Ceriani), no sólo cocina el pescado más fresco que pueda existir fuera del agua. No. Mamá TE lo cocina.

No tendría sentido que intente describir la fiesta de sabores que, en la simpleza, mamá logra en sus platos; “un fuego”, sentencia uno de los pibes al liquidarse la última miniatura y apurar el fondo de un 7 y 3, afuera en “el patio”, bajo un “techo” de cañas, a metros de la orilla del Río de la Plata en el cual, hace minutos, ese mismo pescado era pez.

Vale alguna consideración para que a nadie lo agarre en offside: aquellos a los que le importa más el plato (el elemento físico, el plato en sí), que la comida que espera sobre él: abstenerse.

Sin vueltas: el lugar es la parte de atrás de las casas de los pescadores, no un bolichito decorado estilo Cabo Polonio. Esto es de verdad. No hay caja registradora y el exterior de la pared del baño (con lavarropas activo en su interior), reza una máxima que, apostaría dinero, es algo así como la leyenda que se podría leer, de existir, en el escudo de armas de la famila: “No pago para tomar mate”.

“Don Ceriani” es un laburo, es el negocio de esta familia, es su restaurante, un lugar para ir a almorzar o cenar (o alquilar y hacer fiestas). Pero “Lo de mamá” es otra cosa.

Uno de los pibes, otro, tiene una teoría, nada complicada pero que nadie se anima a rechazar de plano: Mamá cocina con amor.

Voluntaria o involuntariamente, mamá le pone a sus comidas el esfuerzo y el empeño que aprendió de su familia, de su padre, de sus hermanos y cuñados, lo que se aprende cuando uno hace lo que ama y ama lo que hace: mamá le pone amor.

Y yo no puedo estar más de acuerdo.

viernes, 22 de octubre de 2010

Salud

¿Cómo no iba a andar borracho, si vivía con una guitarra en la mano?

Y entonces, borracho, si; pero con flores, ¿no?

Adios, hermano.

Adios y salud.

lunes, 23 de agosto de 2010

El orden de las palabras

Ante la positiva, contando con el aval del arte, y como cuando uno se presenta allanando el terreno y alegando la condición, "tengo amplio historial de radical", fue lo primero que hablé. Al momento de pronunciar las palabras que me sentenciaban, estrechaba su mano y clavaba mis ojos, blancos, en los suyos, helados, pero muertos de hambre.

"Tiene que ser in situ", dije tras haber escuchado el planteo, habiendo entendido el problema y estudiado, breve pero minuciosamente y para mis adentros, la única solución que vislumbré como posible.

Así que, sin perder más tiempo, hacia allí nos dirigimos, vigorosamente, cortando aire a velocidad de fuego; y no fue un viaje sencillo, créanme.

Es que ninguna montaña rusa que cabalgue así de rauda y anárquica es sencilla. Hay que ser muy valiente, pues es únicamente la forma de coraje que se aprende en el amor, y no otra, la que nutre con los esenciales y nos permite contar hoy, esta, la Historia.

Pero por encima de todas las cosas es imprescindible tener el cuerpo preparado. El físico apto, la musculatura ágil y fuerte.

Hay que Ser; uno que sea a prueba de balas, íntegro en el esqueleto y la complexión, de manera de, al arribo, lamer la menor cantidad de heridas posibles.

De cualquier manera, en lo que a lo emocional refiere, olvídenlo; no hay chances.

En el camino / avalancha, nuestros ojos / radares, desarrollaron nuevas órbitas, amplísimas, y no nos perdimos de vista ni por un segundo. Fue muy poco lo que hablamos y casi no nos auto referenciamos, incluso.

Sí, nos preguntamos un par de veces si estábamos bien, mutuamente, si seguíamos ahí, en momentos en que el silencio amenazaba separarnos. Una sola vez, incluso, nos dijimos que de ser estrictamente necesario recorrer este camino (como lo era, de hecho), seguro que la mejor forma de hacerlo era así, sabiendo de la relativa proximidad del otro.

A la llegada, luego de evaluar los daños y reírnos de los raspones, lo primero fue un pacto con el orden superior y con sus fuerzas. Ellos accedieron a nuestros reclamos y pedidos y, entonces, gracias a lo dispuesto, el viento seguirá soplando a nuestro favor.

Nosotros accedimos a seguir aquí, a no abandonar la empresa. A seguir ordenando una palabra antes que la siguiente, pero, siempre, siempre, luego de la anterior.

Considero que es, sin dudas, un compromiso feliz.


The apple of my eye.

martes, 17 de agosto de 2010

Aquello que nunca será

Las idas y vueltas de la vida son algo tan mágico, contundente e irrefutable que a uno lo sorprenden en suspiros simples, sencillos; de esos que casi, casi dan la sensación de poca cosa.

Pero que, sin embargo y bastante por el contrario, son el todo mismo.


Porque que hoy, luego de tantos ayer, galope aún inquieto persiguiéndome la cola cuando estuvo ya todo tan claro, tan bien, ¿qué puede ser sino una vuelta misma de la vida misma? Una que, aún siendo altamente calificable y adjetivable, prefiero dejarla ser.

Es bueno Saber el lugar de uno; conocerlo en la medida de lo posible, pero saberlo es casi imprescindible, y puede resultar una gran ventaja frente a quienes no saben el suyo propio. Sentirse a gusto en ese lugar, del cual uno, si bien algo o bastante, no tiene total alcance o designio, es mucho más que poca cosa.

Es parecido a un honor, como cuando uno se siente agradecido y feliz, como completo, de que le ocurra algo de alguna índole particular que, si, es consecuencia de su obrar, pero que no es, definitivamente, algo que haya decidido del todo. O al menos buscado explícitamente.

Y entonces, volviendo a hoy, a acá, a todo, y sobre todo a mañana, viene ese sabor a la boca, que no es ni por asomo desagradable, pero que tampoco es la gloria del beso húmedo y dulce, que constituye todo aquello que nunca va a poder ser; es el sabor de aquello que nunca será.

E, igual, y así y todo, las ganas nunca se van.

Es la forma que elegí, conciente a medias, apostando a ganador a mi persona, íntegra.

Veremos, los resultados, los veremos. Pero en la empresa dejo la vida y, lejos de maquillarla, celebro mi actitud, glorifico mi condición de interno. Tendré lo que merezca, y por cada cosa que no me toque alzaré mi vaso y escribiré una canción.

Tinta me sobra. Y aire, y corazón.

Explotaré algún día, y ya no estaré más; pero morir, nunca.

Jamás.

martes, 10 de agosto de 2010

Siempre

Hace mucho tiempo que nada me hace ese bien.

Este bien. El del ansia de compartir.

El de la tibieza, el de la balada, el del viento afinado en el perfecto menor de mi melancolía; siempre bien recibida en este, su envase, su casa.

A los costados del camino, que se va dibujando, como es su costumbre, al andar, me soplan los últimos suspiros de cientos de miles de crucificados que se esmeran en no dejar de sangrar, en no abandonar el suplicio que supone no morir. Temen despegarse de la vida, aún cuando ello signifique el último respiro de paz, absoluta y resoluta, para ella, su vida.

Y sin embargo, nada parece un ápice fuera de lugar. Cada uno está donde quiere estar; y, yo, estoy como quiero.

La dignidad es una fruta escurridiza, una que no se deja agarrar en su punto justo; es difícil entender su estación, y su sabor, aún en su punto más álgido, puede resultar amargo y complicado en la boca.

La dignidad es guacha, y está dolida.

El carácter, en cambio, se hace duro con la emoción. Forma el callo, se curte, se tensa, alcanza la cúspide, estira la fibra y da a luz a la caparazón.

A los sensibles de carácter nos llegan etapas que intuimos, pero que desconocemos y tememos y amamos; luchamos y nos entregamos en una danza que se nos hace cotidiana, y que es de carne y es de lágrimas.

Y los pies que pisan la tierra, que lo soporta todo, y que está húmeda porque está viva. Un paso es el acto mínimo, es movimiento, y es todo lo que haría falta para acercarse a todo sin dejar nada atrás.

Siempre hay espacio para más. Para cuando lo necesario no deja lugar a lo deseado; dicotómica infartante, siempre hay espacio para más.

Al final, de los desastres y de los otros, lo mejor que puede uno hacer es recolectar la experiencia, incorporarla, y, siempre, otra vez, volver a empezar.

O es, al menos, lo más sabio.

"I'm the oldest son of a crazy man, i'm in a cowboy band".

viernes, 8 de mayo de 2009

Por si el recuerdo

Hoy, que es apenas mayo; hoy que no hace ninguna fecha ni de tu nacimiento, ni de tu muerte, ni tu ida, ni tu vuelta, ni tu nada más que quizás de algún resfrío otoñal. Hoy, que hace años tu cara en los afiches que te sentenciaban me emocionó en las calles de la plaza. Hoy, luego de mucho, vuelvo a este espacio para poner tus palabras, que también, y con tu permiso, hago mías.

- ¿Qué cosas le gusta hacer?, le preguntó en una oportunidad un periodista.

- Pensar, leer, escribir, charlar, discutir de buena fe; beber, tomar mate, caminar, la temperatura de 25 grados, pescar, criar animales y plantas; los colores verde y ocre, el olor a nafta, a bosta fresca, a limón, a humo de madera; el razonamiento de los niños, las posaderas de mi mujer, buscar un acorde en la guitarra, mis buenos recuerdos y los malos también, cuando son claros; estar sentado, tranquilo; viajar en ómnibus por la ciudad, el truco y la carambola, mi perro, mis manos – a veces -, que se parecen a las de mi hija; algunos objetos que conservo: cajitas, huesos, dibujos, papeles escritos, libros que he leído mucho... mil cosas más; el campo, a toda hora, el ruido de un motor afinado, las ciencias naturales, algunas voces humanas (la mía no); mi lugar de trabajo, la gente honrada, sincera y generosa; los limpios, y por sobre todo, compartir con ellos todo lo que más aprecio y hasta casi todo lo que amo.

Y cómo no ir entonces rumbo al Cerro, sentado también del lado de la vida, en el asiento de atrás del tuyo, Alfredo. En silencio, pensando en milongas que silbamos para los adentros de cada uno de nosotros; retumban.

Gracias; otra vez.

Un abrazo.

viernes, 15 de agosto de 2008

Que y que ahora qué, ¿qué?

Que si un accidente no son mas que dos distraídos, que se encuentran. Se saludan con un beso, uno cada uno, que “¿Qué tal?”, que “¿Cómo estás?”; que disculpe las molestias.

Y que, ¿qué más queda?, si accidentados han quedado, pues distraídos. Y, ¿qué más habría de quedar?

Que si un error no es más que otro que no encuentra pareja de rival. Que baila sólo y en solitario con el sigo mismo que nadie quiere hacerse cargo; y sin saber, jamás, si bien o si mal, si a cuál de los paraísos irá a parar. Si es que a alguno.

Que no es fácil, no, no lo es. Pero vamos, y venga, que tampoco es ese el calvario. A cuánto de detenerse un segundo, de tu lado y del mío, a considerar las circunstancias. Circunstancias. Por el bien del de los dos.

Y que si ni de mi ni de ti, ni quizás de los dos se trata, ¿de qué? ¿Dónde esperan los besos y las caricias hasta que, amigados con nosotros mismos, volvamos al calor?

Que qué horrible dejárlos tan solos, tan huérfanos de tu boca, tan peleados con mi piel.

Qué como diría mi vecina, que qué tanta cosa, que qué tanta vuelta. Que qué es eso de buscar hasta al hastío la quinta pata del gato; la quinta gata del pato.

¿Que que me extrañas? Que tanto como a ti yo. ¿Entonces qué?

Entonces, ahora, vení.

Eso.

lunes, 11 de agosto de 2008

Una y mil veces

Esta ciudad, que, le guste a quien le guste y le pese a quien le pese, es la mía, tiene, e históricamente ha tenido, sobre mi persona diferentes y randómicos efectos. Narcolépticos, histéricos, afables, risueños y, casi, casi que a menudo, incluso, apáticos. Entre otros, claro.

Y también diferentes manifestaciones.

En retornos como este que estoy hoy y desde hace estas 17 noches que hemos dormido juntos, su manifestación de cotidianeidad, de familiareidad, de sencillez sorpresiva, por ponerle un nombre, me agrada. Y me sirve también, ¿me explico? Me sienta bien. Como la rigurosa y milmétrica devoción que quema la pestaña del sastre por el afan en que persigue su arte, me cabe.

Adormece la forma que mi expresividad toma cuando el dolor y la Vena exigen hiper sensibilidades que no me vuelvan blanco, amorfo y tonto. Me retornan, incluso con cariño y tierno cuidado, a un estado de virginidad. Es agradable sentir el himen intacto. Saberlo íntegro. Ser nuevo.

Es que regresar es Virtud. Es genial.

Con aquí nunca me peleo, casi no me he peleado. Es que ya casi no peleo. Al menos no por cosas importantes. Es expectante que asisto a algunos escupitajos lejanos que eventualmente mi caracter y humor traicionero evidencian, como ampollas volcánicas que revienta en cámara lenta brotes de pus y lava y calor hormonal.

Como pequeñas luchas internas. Guerras sin contrincante, sin rival ni cuartel, ni armas que disparan no-municiones, sin muertes ni de casualidad. Como eventos a los que asisto, como invitado de honor, para aplaudir en primera fila, de pie, los evidentes resultados de mi magnífica transformación.

Aún a esta distancia de todo lo que falta, que es siempre y todo, se siente bien; se convierte en fundamental.

Por favor, no me sueltes la mano, ¿ta?

martes, 15 de julio de 2008

A while

Qué ansiedad, qué apuro, qué pocas ganas de acá, cuántas de allá, de vos.

Un dolor así, esta ausencia del borde de tus labios es realmente la forma más insana de volverse loco. Ni a mis 5 años semejante berrinche.

Es que esto de que sean los últimos días, de poner a funcionar la realidad que dibujó el motor de mi expectativa. Este blueprint. Este vacío de todo, de sólo necesitar que se queme el almanaque, de que nunca más, de que toda la vida. De que cada uno de los días.

Esto de dar un paso para atrás para poder dar dos hacia adelante. Esta esencia de cabra, de macho cabrío, que no es terco ni testarudo ni obstinado; que es lo que es, que es las tres, a la misma vez, con idéntica intensidad. Que no puede contra si.

Que no quiere contra si.

Esto que no se qué es, ni qué quiere, ni que nada. De nada. Las noches interminables, las mañanas heladas y mogólicas, la lerda antipatía de las agujas del reloj, y su indiferencia. La cama en la que, aún a miles de kilómetros, me abrazas, la misma de la cual no me dejas escapar; ni lucho demasiado por lo contrario.

Esta inquietud. Esta cáscara de nuez y el desamarro involuntario del puerto de la vejez prematura. Esta confianza en el viento, este tatuaje que no cicatriza, esta ancla que se ríe de mi falta de equilibrio.

Este azul tan intenso. Tan importante y tan genuino; tan azul, tan inmenso.

Este desear cosas de a dos, de pensarnos en pareja. Un paseo, un rincón medio escondido, nuevos lienzos para nuestros besos. Esta sensación avasallante, fresca y pura. Esta completud.

“Then is when you realize that the more you find out, the less you know”.

lunes, 16 de junio de 2008

Stuff that works

Nuevamente en la música encuentro la compañía y la decencia para las lecciones que, por los kilómetros que me separan de ti, me cuesta encontrar en cualquier otra cosa. 

En su registro, la cadencia de sus vaivenes que alegran tu boca y mueven tu cabeza para generar el ángulo entre tu cuello y tu hombro al que me fui a vivir desde el día del año pasado en que conocí la dulzura de tu piel; el día en el que la mía se volvió tersa y gentil, aunque no haya sido hasta luego que pude tocarte con mis dedos y aprehenderte.

Aún sin entender del todo ni justificarme por nada, ni de todo, sigo sin entender mucho porqué me alejé tanto de ella, de su mística cariñosa, redentora, de su naturaleza maternal y del mimo de su terciopelo.

Jamás dejó de sonar en mis oídos, compasiva como siempre, compañera, amiga fiel, leal; musical. El llanto sordo de mi miedo ya no calla su pasión. Es some kind of love.

Si a cualquier lugar pudiera transportarme, y fuera de estar sólo, ese lugar sería uno con la ventana abierta, luego del almuerzo, al final de un verano austral, generoso, detrás de cortinas filtro naranjas bailarinas y tibias como la sospecha de que tus labios debieran de existir en alguna parte del mundo, si no los conociera. 

Si acompañado, contigo. Donde fuere, en tu regazo. Debajo de nuestras sábanas, al amparo de tu calor.

Con un poco de arte en la empresa, puedo transportarme a los dos, sólo y acompañado. A ambos me dirijo. Y a esa imagen, a esa idea que canta la canción, a la sistemática sensación de aire de planicie y agua inquieta que me brota en el pecho; está clarísima. Yo lo entiendo. Al lugar donde las estrellas van a morirse y a ser más hermosas por segundos que brillantes de por vida.

A ambos voy cabalgando sobre ti, prendido a tu cuello de fuego; fuerte, apretado, abrazado. Mis ojos van cerrados, eres el sonido de tus cascos sobre las nubes, cortando el aire; eres los miles de kilómetros que dejamos atrás. Eres mi casa. Y there´s no place like home.

En esta imagen me conforto, en repeat, me es como el paso cansino pero sabio que define la racionalidad natural de la bestia y la carga con la cruz del superviviente. La garantía de la vida sobre la muerte. Aquello de timonear el metabolismo para que sean menos las cosas que necesitamos, porque menos cosas tenemos para darle. Aquello de que lo que tenemos es más que suficiente.

Como la resaca de heroína que desconozco, Killing the blues funciona a la medida de la abstinencia que mi adicción me pone a temblar. Mi adicción a ti.

"Somebody said the saw me / Swinging the world by the tail / Bouncing over a white cloud / Killing the blues".

Funciona. 

Y sino miren.

martes, 10 de junio de 2008

Mi 4 de julio

Mi cita con el final de este presente desgarrador ya está acordada. En días vuelvo a subirme al túnel de la hiper velocidad y llegaré a ti, por fin y para siempre. De tus brazos no me iré jamás, de los míos no te soltaré.

En el transito/trámite hasta entonces habitaré las cantinas de Morfeo, los salones del olvido, verdes y blandos, y blancos. Anidaré refugiado en mi propio ser; sólo, debo resistir este vendaval. Que no amaina, que no perdona, que no cede ni repara en detalles misericordiosos. Sospecho que además acelerará su furia, su natura violenta.

Como la apasionada y devota tormenta que es, ella dispara sin piedad y con puntería de campeón los golpes que recibe mi carne viva, roja y viva. Obedece órdenes. Lamiéndome las heridas es como me encuentro. Dócil, doméstico, incondicional.

Aún no me siento en condiciones de enfrentar este pasaje de mi vida. De sentarme a analizarlo, a pensarlo, a razonarlo, enfriarlo y perdonarlo. Necesito descansar. Mas al momento que llegará indeclinablemente me entregaré con delicia, afanoso, y de la mano de tu amor. Guía.

A mis errores dejé de guardarles rencor hace tiempo. Sólo los dejo ser, como dejo ser a mis aciertos. No festejo la meta pero agradezco el camino; a él si lo festejo.

"He did not know he could not fly, so he did".

El pasado es anecdótico, la piel cambiará y volverá más suave. Mis pies, inquietos, se volverán sabios acerca de los lugares a los cuales llevarme. Han aprendido a caminar mejor, no necesariamente más; el tipo de caminatas que deja huellas impenetrables, imborrables, heroicas y referentes. La forma de caminar cuando camino de tu mano.

Siempre supe que no habían sido sólo cosas que nos dijimos al oído. Algo así es más importante, más fundamental, como fundamental es la lluvia que nos cobija en nuestras siestas, como determinante es el rayo de sol que alumbra tus párpados cerrados cuando hacemos el amor, cuando mi esencia recorre tu espina y somos uno sólo; cuando tu boca me esquiva muerta de ganas de encontrarse con la mía.

Tus manos en mi espalda, tus piernas carceleras, la presión contra tu pecho, la vida misma, manifiesta. El sentido de lo completo. Todo.

La última cuenta regresiva.

Contemos días. ¿Querés?

jueves, 8 de mayo de 2008

There´s no place like home

Acerca de este lugar, de este espacio, un amigo mayúsculo de esos con los que uno puede abrazarse y discutir, me dijo lo siguiente:

"Está bueno poder volver a entrar a un lugar donde se puede fumar".

Gracias por eso man. No es como que lo hubiera dudado desde que lo vi pintado en la pared, pero era cierto lo que decían los holandeses risueños: Home is in your head.

Entonces, en casa, y ya que puedo y me muero de ganas, me voy a fumar un pucho.

Hasta la vuelta.

miércoles, 7 de mayo de 2008

Fuera de lugar

Como la E invertida, tachada. Así. Como la no pertenencia. Una disonancia tonta, infantil e insensata, la nulidad en la identificación, la falta de voluntad de la buena, la brújula borracha, mareada, drogada. Estúpida, aguja necia, ríndete, acepta tu condición de sapo de otro pozo, tu naturaleza evidente, lo que tu piel grita. Y protégete, por Dios, protégete.

Si apoyara mi cabeza en tu hombro, aun a miles de kilómetros de distancia; si cerraras los tuyos y encontraras en los míos a los ojos que no dejan de abrazarte, el pie-bastón que no dejara que te caigas; si en la oscuridad y el miedo me quedara quieto, quietito, si confiara, no me desesperara, si me abrazaras; si escucharas la música y me encontraras en las canciones en que estoy, flotando a tu alrededor.

Si los besos en tus labios esperaran a los míos, si mis manos en tu cuerpo te tocaran, si tu sonrisa hiciera con tu humor las maravillas que hace con mi panza.

Si sus ojos no pesaran tanto sobre mi espalda, si fuera evidente el horror error que hubiera cometido; si al menos intencionado. Si el veneno saciara mi sed ante su incredulidad, en lugar de envenenarme.

Si la condena escapara al capricho, al miedo, al temor del desconocido. Mi accesibilidad está lastimada; en el piso, herida, indefensa, ha sido objeto de una furia muy poco cortés, del impacto de los punta pies mal intencionados tele dirigidos explosivos, de la cizaña celosa y estúpida.

Así. Fuera de lugar, no puedo. No quiero. Haberlo sabido.

Hasta el paraíso que eres tu, hasta ti, hasta entonces, no me queda más que esperar. Hasta ese instante de candela sólo será chocolate high.

Cigarette high. Caffeine high.

"Y a veces la ansiedad / Y a veces el dolor".

Hold.

miércoles, 30 de abril de 2008

El mar Mío

El río de mis aromas, de mis brisas, de mis puestas de sol. El de las tardecitas de noviembre, hacia el oeste querendón, el de los brillos tintineantes, bailarines, risueños; el sol bailando con la fiesta de la vida con la boca pegada a su frente, arrabalera y patrona, mojándose feliz entre niños y negros y perros sin collar, envidia de la noche más blanca más estrellada de la historia del firmamento.

Mi Río de la Plata, musa de mi devoción incondicional. Amor en paralelo a la sinuosidad de tu cintura serpentina y atrevida, aplauso a tu canto, ovación a tu canción, a tu susurro, a tu beso de terciopelo. En ti se apaga el bullicio, en ti descansa el día entero, a ti acudimos, agotados; de brazos abiertos, siempre, nunca tienes un no para nadie. 

Los mejores bares descansan los problemas de sus heridos en tu regazo. Sus lágrimas son tu sal.

Estribillo de las canciones de guitarras, de bandoneones, de violines; cimiento firme de las nubes de la carne asada, de las borracheras y de las sonrisas, del abrazo cálido de tus ojos buscando a los míos, atravesando el lugar.

Refugio de chiquilines y señoras, del primer pecado que no haya sido original. La luz de los mil colores, siempre idéntica a la del nunca más, la que baja en el ángulo que reconozco como "casa"; ese mismo que no tiene precio.

No puede tenerlo.

Cada día más cercano a la imperfección que te hace único, y únicas a las calles de tu ciudad, al aire que dobla por sus esquinas, que dobla sin avisar, a tu pronunciación caprichosa, hincha a muerte de tu semblante corajudo. 

Cuna de corsarios agotados y dormilones, eres enorme y vasto y ancho e imponente. Eres horizonte, eres posibilidad. Mentor de mi infancia, en todo el mundo hablaré maravillas de ti; frente a los mares más azules, más tibios, más cristalinos y llenos de olas, tu bandera flameará, mi amor por ti sólo crecerá, mi pecho sólo se ensanchará con tu aire omnipresente.

Sólo tu has sido paciente como nunca nada ni nadie, y en los brazos de tu mecido vaivén, en tu paz iracunda, en tu persistencia inmortal, me has enseñado que todo, absolutamente todo, siempre, estará bien.

En tu frescura e irreverencia aprendí del amor al juego, en tu ir y venir de la devoción al movimiento, del movimiento como constante, como básica, como motor fundamental; la belleza de su dinamismo, del cambio. Nunca te quedaste quieto; porque quieto no pasa nada. Por eso también me voy, a extrañarte. Por eso también dejas que me vaya un rato.

Mi piel nunca es tan feliz como cuando tu la arrugas, cuando tu la abrazas. Si fueras dedos serías los suyos; si fueras ojos, los tuyos. Si canción "Hickory wind"; carcajada infantil.

Hoy te extraño como aquella vez en que jugué a poder sin ti, en que descubrí a mi Montevideo como Victoria; porque hoy estás próximo como estabas entonces. Punzante como un tango, añoro tu filo, el sabor del acero en la boca jadeante.

Cuando llegue a ti estarás helado, hermoso, tempestuoso. Iré a saludarte y vendrás corriendo a recibirme, a salpicarme. Correrás a mi lado, caminaremos de la mano, bailaremos con el viento la milonga de tu golpe contra la ciudad, de tu tempestad contra mis playas; las que bañas, las que refrescas. Las más felices del mundo de acurrucarse en tu cariño bestial cada noche, de amanecer en tu aletargada mañana, cada mañana.

Te abrazaré. Y todo estará bien. De ti nunca me fui. De ti no me muevo, Mi Agua. Se que estás en buenas manos, que no puedes estar en mejores. Que no quieres otras, ningunas sino las suyas.

"It´s a hard way to find out that trouble is real / In a far away city, with a far away feel"

martes, 29 de abril de 2008

Algún tango triste (de los que hacen daño al zurdo cordial)

Volver a volver a la lenta, eterna, dolida y dolorosa espera; sanguinaria. Volver a este lugar que ya casi no me incomoda, que me conozco de memoria, que se siente como en casa. Llego y el carcelero me saluda como me saludan cuando volvía a casa. En la ironía más dulce que puede tener el verdugo, me estrecha la mano apretándola con calor, casi con camaradería, y me dice que se me ha extrañado, que las cosas están todas en orden.

Con los ojos me susurra que descanse tranquilo, con una mueca de lástima honesta, que junte fuerzas, que ya me volverán a sacar la hostia. "Esta sala de espera sin esperanza".

Estando a un tiempo, en fecha, en regla con la estupidez de lo estipulado, y con su cobardía. El refugio del contrato, de la letra chica, la cláusula de privacidad, la falta de sangre, de venas, de carne; la matemática. La puta matemática. La ira. La desazón. Qué cierto aquello de que al amor lo cura lo sensato; el almanaque Asesino. Qué infantil mi ilusión.

¿Con qué cuchara se otorga el derecho, quién, de revolverme las entrañas, de enfriarme el corazón? La fibra más íntima se ha vuelto marchita, escupe el veneno que la ingenuidad le ha convidado; ella, ingenua, se ha entregado en cuerpo y alma. Es lo que ella hace. Por eso es fibra. Por eso es íntima.

Por eso es mía.

Herida y todo, ahí sigue. Flor. Perenne y hermosa, como lo eres tú.

Es siempre al final que la cosa se pone mucho más complicada, más difícil, que incluso cuando jodida se pone en el principio del fin, que en el instante que la térmica salta porque el calor es insoportable, inhumano, y se toma a la final la amarga vinagrera de encarar la retirada; la vuelta, la partida. El Génesis del Apocalipsis. 

Esta vez no ha sido la excepción. Aún la vida me coloca del lado de las excepciones cuando de gentilezas se trata. Seguiré esperando. Tengo todo el tiempo del mundo. Y muchas más ganas aún.

Es sin drama, de todas formas, que al rato que en la jaula de leones me siento con ellos a conversar, a convidarnos dolores pretéritos, cómodos, hoy, en cautiverio. Porque ni ellos, ni las hienas ni los peores demonios me van a comer. Porque a mi no me come nadie, a mi nadie me va a comer. Y porque ellos también, en última instancia, fueron enjaulados y viven prisioneros. Lejos de sí.

Me apena, si, la distancia que el encierro hace cada vez más evidente. Más roto, más herido. ¿Presagio de qué?

A los años me detengo a escuchar al viento silbar.

Siento que una parte de mi sangre viene de algún lugar frío y de amplísimas extensiones. De un lugar Sajón, de tierras regadas de sangre, coraje y dolor, de brotes de vida eterna, de sacrificios por hijos, mujeres, amantes. Vida. Gesta. Siento que en aquella lejana tierra noble ha brotado mi origen, realmente; y esa esencia no puedo perderla.

Siento en la piel la paz de la soledad en la inmensidad de este lugar tan gris y crudo, mi cuerpo es forraje que abriga maternalmente a un Corazón niño que ansía salir a cazar y a convertirse en hombre; mas el apuro no lo inquieta. Los ojos se alimentan, como esponjas, forjándose en los escudos que me protegerán de los ataques más bajos. Siento los pies absorber como raíces, las manos elevarse como troncos que tocan el cielo y enojan con cosquillas a las nubes pesadas; infieles.

Me voy un rato. A ver si me veo por ahí, por los médanos blancos.

"Me he vuelto viejo".

martes, 22 de abril de 2008

A un Amigo / This old road

Hay muchísimas cosas de las que nos pasan, o al menos de las que me han pasado de la vida, que considero grandiosas y fundamentales. Hoy reflexiono acerca de una de las que considero más difíciles, o al menos de las que resultan de las más difíciles; más llenas de pruebas. Esas de las que a priori solemos descartar en la diaria.

Esas de las que más me estoy enamorando, desde hace años. De las que vuelven a estos dedos sabios en mi propia convicción de que, equivocado o no, bailarán felices y libres por siempre. Ya no dependen de mi. Son los títeres de mi corazón titiritero.

La distancia, la confianza, la certeza, el vínculo forjado a fuego de alma y ojos sinceros, de despedidas sin drama ni fecha de reencuentro. Todo bien rojo, rojo vino tinto, color de momentos buenos, de verdad, genuinos como la vieja madera de una guitarra compañera; fiel. Las buenas personas que gracias a esa inversión que hacemos, que en Cristiano se llama Sacrificio, nos acercan y aproximan al otro, y que somos cada uno. Las personas que te contagian la certeza de que ser mejor es ser cada vez más uno mismo.

A Kris lo escucho todos los días desde la noche de diciembre en que me lo presentaste, aunque no todos le ponga play. Anoche me puse a escucharlo charlar, con la guitarra en el fondo y las Guinness al frente, aquellas de mesa de madera de árbol de noche boreal. Charla amena si las ha habido; si las hay.

Creo que es lo más lindo de escucharlo a él. No es de aquellos de FM, como decías, que inquietan llenos de respuestas y soluciones. Es más de aquellos otros, Highwaymen, llenos de preguntas, de espaldas llenas de mapas con encrucijadas que dejamos atrás, de caminos que nunca recorreremos porque elegimos recorrer todos estos otros. De marcas de balas que por poco nos matan, pero que no nos mataron ni nos van a matar. Sólo nos marcan y nos devuelven al ruedo: marcados.

Un buen compañero de ruta. De esas rutas que no precisan paisajes en movimiento pero que aun nos convidan con la refrescante sensación de que avanzamos, porque es el alma la que no se queda quieta.

Como punta de lanza, cuatrero revirado, como bestias desbocadas de hambre de vida, entendemos que amanecer muchas mañanas en el mismo lugar también es viajar; sobre todo cuando la noche anterior ella volvió a elegir que iba a amanecer del lado de al lado de nuestro lado de la cama.

"Look at that old photograph, is it really you?"

Cuál es la pregunta para cuál respuesta, creo que es la pregunta. ¿Cuánto tiempo pasamos errando la pregunta, confundidos con respuestas, lógico, que no son para nosotros?

Creo que cada vez que erramos el camino. Debe ser la trampa de la duda, de la urgencia, de la inmediatez; nunca vamos a regalarnos paciencia. Difícilmente invirtamos un "no" contundente, aunque amistoso, al largo plazo de la fertilidad de nuestras almas.

Y Aquella tampoco va a parar de hacernos preguntas, más evidentes, menos concretas. Y aun así, al final de la cuenta, seguro que vamos a estar de acuerdo que es su trabajo; si no las hiciera, la vida, ¿no se lo reclamaríamos?

Si siempre es ahora, siempre va a ser ahora. Y si Kris no tenía razón, ¿quién? 

Vos, valor. Vos.

miércoles, 9 de abril de 2008

Heroes often fail

"I just don´t know where we went wrong, but the feeling´s gone, and I just can´t get it back". Con la tecla más gorda del piano más gordo cayendo pesada al final. Cerrando la persiana, bajando el telón. Contundente. Verduga.

Qué idiota, qué imbécil. Una vez que trato de hacer las cosas bien; "bien". UNA; la vez que me doy, que me entrego, que expongo mi carne, viva y roja. Tierna, ingenua, preguntona. Presa fácil. 

Ya no queda más que esperar la cínica misericordia que a este tipo de dolor sólo visita el proceso de putrefacción, esperar que el negro gris muerte sea el clima imperante en el invierno de mi alma. La descomposición. Comida de gusanos. La lástima.

Una herida de este tipo, aun con tiempo y cicatriz, aun con arrugas y cariño, siempre deja marcas. Hondas. Oscuras. Surcos.

Me ha sacudido como la peor de las noticias. El jugo que escupe el hueco del corazón se ha desparramado por ahí. Metástasis en el alma apedreada. El bobo ha vuelto a ser una mera bomba. Un payaso triste. Un hazme reír. 

Muerto, muerta de hambre como una hiena inmunda, ha perdido toda su dignidad, se ha vaciado como vacía un aborto. La no vida. La cabeza vuelta a un lado. La burla del sol hirviendo en la tensión de los músculos de la cara, aguantando, inútil, el flujo de lágrimas perennes.

Se ve que tampoco era este el bote.

Otra vez nadar hasta la orilla, la puta madre. Náufrago, y con el mar como está de tiburones. Con las ganas muertas, las pocas semillas que quedaban optimistas. Degolladas. Brotarán sangre rancia, sangre negra, hedionda; eternamente. Este es el único dolor que podría llegar a matarme. Realmente.

Una noche turbia e insegura, hace algunos meses, escribí algo que borré en seguida porque se me hizo infantil, tonto, sin sentido y minúsculo: "¿Quién jugará a ser mis labios cuando besas labios que no son los míos?"

Ahora si que estoy sólo. 

No se cómo carajo volver a subirme a este caballo. 

Que se vaya, que camine, que vuelve a su naturaleza salvaje. ¿A quién se le ocurre alejarlo de aquella en primer lugar? Que cabalgue y sea en su hermosura lo que debe ser. Libre.

Mejor camino. Por ir sólo un rato. Conmigo.

También ahí debe haber algo de arte.