martes, 25 de junio de 2013
Así
viernes, 14 de septiembre de 2012
Paciencia
miércoles, 11 de mayo de 2011
Vamos a lo de mamá
viernes, 22 de octubre de 2010
Salud
Y entonces, borracho, si; pero con flores, ¿no?
Adios, hermano.
Adios y salud.
lunes, 23 de agosto de 2010
El orden de las palabras
"Tiene que ser in situ", dije tras haber escuchado el planteo, habiendo entendido el problema y estudiado, breve pero minuciosamente y para mis adentros, la única solución que vislumbré como posible.
Así que, sin perder más tiempo, hacia allí nos dirigimos, vigorosamente, cortando aire a velocidad de fuego; y no fue un viaje sencillo, créanme.
Es que ninguna montaña rusa que cabalgue así de rauda y anárquica es sencilla. Hay que ser muy valiente, pues es únicamente la forma de coraje que se aprende en el amor, y no otra, la que nutre con los esenciales y nos permite contar hoy, esta, la Historia.
Pero por encima de todas las cosas es imprescindible tener el cuerpo preparado. El físico apto, la musculatura ágil y fuerte.
Hay que Ser; uno que sea a prueba de balas, íntegro en el esqueleto y la complexión, de manera de, al arribo, lamer la menor cantidad de heridas posibles.
De cualquier manera, en lo que a lo emocional refiere, olvídenlo; no hay chances.
En el camino / avalancha, nuestros ojos / radares, desarrollaron nuevas órbitas, amplísimas, y no nos perdimos de vista ni por un segundo. Fue muy poco lo que hablamos y casi no nos auto referenciamos, incluso.
Sí, nos preguntamos un par de veces si estábamos bien, mutuamente, si seguíamos ahí, en momentos en que el silencio amenazaba separarnos. Una sola vez, incluso, nos dijimos que de ser estrictamente necesario recorrer este camino (como lo era, de hecho), seguro que la mejor forma de hacerlo era así, sabiendo de la relativa proximidad del otro.
A la llegada, luego de evaluar los daños y reírnos de los raspones, lo primero fue un pacto con el orden superior y con sus fuerzas. Ellos accedieron a nuestros reclamos y pedidos y, entonces, gracias a lo dispuesto, el viento seguirá soplando a nuestro favor.
Nosotros accedimos a seguir aquí, a no abandonar la empresa. A seguir ordenando una palabra antes que la siguiente, pero, siempre, siempre, luego de la anterior.
Considero que es, sin dudas, un compromiso feliz.
The apple of my eye.
martes, 17 de agosto de 2010
Aquello que nunca será
Pero que, sin embargo y bastante por el contrario, son el todo mismo.
Porque que hoy, luego de tantos ayer, galope aún inquieto persiguiéndome la cola cuando estuvo ya todo tan claro, tan bien, ¿qué puede ser sino una vuelta misma de la vida misma? Una que, aún siendo altamente calificable y adjetivable, prefiero dejarla ser.
Es bueno Saber el lugar de uno; conocerlo en la medida de lo posible, pero saberlo es casi imprescindible, y puede resultar una gran ventaja frente a quienes no saben el suyo propio. Sentirse a gusto en ese lugar, del cual uno, si bien algo o bastante, no tiene total alcance o designio, es mucho más que poca cosa.
Es parecido a un honor, como cuando uno se siente agradecido y feliz, como completo, de que le ocurra algo de alguna índole particular que, si, es consecuencia de su obrar, pero que no es, definitivamente, algo que haya decidido del todo. O al menos buscado explícitamente.
Y entonces, volviendo a hoy, a acá, a todo, y sobre todo a mañana, viene ese sabor a la boca, que no es ni por asomo desagradable, pero que tampoco es la gloria del beso húmedo y dulce, que constituye todo aquello que nunca va a poder ser; es el sabor de aquello que nunca será.
E, igual, y así y todo, las ganas nunca se van.
Es la forma que elegí, conciente a medias, apostando a ganador a mi persona, íntegra.
Veremos, los resultados, los veremos. Pero en la empresa dejo la vida y, lejos de maquillarla, celebro mi actitud, glorifico mi condición de interno. Tendré lo que merezca, y por cada cosa que no me toque alzaré mi vaso y escribiré una canción.
Tinta me sobra. Y aire, y corazón.
Explotaré algún día, y ya no estaré más; pero morir, nunca.
Jamás.
martes, 10 de agosto de 2010
Siempre
viernes, 8 de mayo de 2009
Por si el recuerdo
- ¿Qué cosas le gusta hacer?, le preguntó en una oportunidad un periodista.
- Pensar, leer, escribir, charlar, discutir de buena fe; beber, tomar mate, caminar, la temperatura de 25 grados, pescar, criar animales y plantas; los colores verde y ocre, el olor a nafta, a bosta fresca, a limón, a humo de madera; el razonamiento de los niños, las posaderas de mi mujer, buscar un acorde en la guitarra, mis buenos recuerdos y los malos también, cuando son claros; estar sentado, tranquilo; viajar en ómnibus por la ciudad, el truco y la carambola, mi perro, mis manos – a veces -, que se parecen a las de mi hija; algunos objetos que conservo: cajitas, huesos, dibujos, papeles escritos, libros que he leído mucho... mil cosas más; el campo, a toda hora, el ruido de un motor afinado, las ciencias naturales, algunas voces humanas (la mía no); mi lugar de trabajo, la gente honrada, sincera y generosa; los limpios, y por sobre todo, compartir con ellos todo lo que más aprecio y hasta casi todo lo que amo.
Y cómo no ir entonces rumbo al Cerro, sentado también del lado de la vida, en el asiento de atrás del tuyo, Alfredo. En silencio, pensando en milongas que silbamos para los adentros de cada uno de nosotros; retumban.
Gracias; otra vez.
Un abrazo.
viernes, 15 de agosto de 2008
Que y que ahora qué, ¿qué?
Y que, ¿qué más queda?, si accidentados han quedado, pues distraídos. Y, ¿qué más habría de quedar?
Que si un error no es más que otro que no encuentra pareja de rival. Que baila sólo y en solitario con el sigo mismo que nadie quiere hacerse cargo; y sin saber, jamás, si bien o si mal, si a cuál de los paraísos irá a parar. Si es que a alguno.
Que no es fácil, no, no lo es. Pero vamos, y venga, que tampoco es ese el calvario. A cuánto de detenerse un segundo, de tu lado y del mío, a considerar las circunstancias. Circunstancias. Por el bien del de los dos.
Y que si ni de mi ni de ti, ni quizás de los dos se trata, ¿de qué? ¿Dónde esperan los besos y las caricias hasta que, amigados con nosotros mismos, volvamos al calor?
Que qué horrible dejárlos tan solos, tan huérfanos de tu boca, tan peleados con mi piel.
Qué como diría mi vecina, que qué tanta cosa, que qué tanta vuelta. Que qué es eso de buscar hasta al hastío la quinta pata del gato; la quinta gata del pato.
¿Que que me extrañas? Que tanto como a ti yo. ¿Entonces qué?
Entonces, ahora, vení.
Eso.
lunes, 11 de agosto de 2008
Una y mil veces
Y también diferentes manifestaciones.
En retornos como este que estoy hoy y desde hace estas 17 noches que hemos dormido juntos, su manifestación de cotidianeidad, de familiareidad, de sencillez sorpresiva, por ponerle un nombre, me agrada. Y me sirve también, ¿me explico? Me sienta bien. Como la rigurosa y milmétrica devoción que quema la pestaña del sastre por el afan en que persigue su arte, me cabe.
Adormece la forma que mi expresividad toma cuando el dolor y la Vena exigen hiper sensibilidades que no me vuelvan blanco, amorfo y tonto. Me retornan, incluso con cariño y tierno cuidado, a un estado de virginidad. Es agradable sentir el himen intacto. Saberlo íntegro. Ser nuevo.
Es que regresar es Virtud. Es genial.
Con aquí nunca me peleo, casi no me he peleado. Es que ya casi no peleo. Al menos no por cosas importantes. Es expectante que asisto a algunos escupitajos lejanos que eventualmente mi caracter y humor traicionero evidencian, como ampollas volcánicas que revienta en cámara lenta brotes de pus y lava y calor hormonal.
Como pequeñas luchas internas. Guerras sin contrincante, sin rival ni cuartel, ni armas que disparan no-municiones, sin muertes ni de casualidad. Como eventos a los que asisto, como invitado de honor, para aplaudir en primera fila, de pie, los evidentes resultados de mi magnífica transformación.
Aún a esta distancia de todo lo que falta, que es siempre y todo, se siente bien; se convierte en fundamental.
Por favor, no me sueltes la mano, ¿ta?
martes, 15 de julio de 2008
A while
Qué ansiedad, qué apuro, qué pocas ganas de acá, cuántas de allá, de vos.
Un dolor así, esta ausencia del borde de tus labios es realmente la forma más insana de volverse loco. Ni a mis 5 años semejante berrinche.
Es que esto de que sean los últimos días, de poner a funcionar la realidad que dibujó el motor de mi expectativa. Este blueprint. Este vacío de todo, de sólo necesitar que se queme el almanaque, de que nunca más, de que toda la vida. De que cada uno de los días.
Esto de dar un paso para atrás para poder dar dos hacia adelante. Esta esencia de cabra, de macho cabrío, que no es terco ni testarudo ni obstinado; que es lo que es, que es las tres, a la misma vez, con idéntica intensidad. Que no puede contra si.
Que no quiere contra si.
Esto que no se qué es, ni qué quiere, ni que nada. De nada. Las noches interminables, las mañanas heladas y mogólicas, la lerda antipatía de las agujas del reloj, y su indiferencia. La cama en la que, aún a miles de kilómetros, me abrazas, la misma de la cual no me dejas escapar; ni lucho demasiado por lo contrario.
Esta inquietud. Esta cáscara de nuez y el desamarro involuntario del puerto de la vejez prematura. Esta confianza en el viento, este tatuaje que no cicatriza, esta ancla que se ríe de mi falta de equilibrio.
Este azul tan intenso. Tan importante y tan genuino; tan azul, tan inmenso.
Este desear cosas de a dos, de pensarnos en pareja. Un paseo, un rincón medio escondido, nuevos lienzos para nuestros besos. Esta sensación avasallante, fresca y pura. Esta completud.
“Then is when you realize that the more you find out, the less you know”.